Al final, después de mi primera cita con María Laura, entre la cantidad de cosas en las que ocupé mi tiempo, y demás, no pude dejar escrito nada al respecto de cómo me fue con la psicóloga.
Ese día fue uno de los infinitos: levantarme temprano, llevar a mi mamá, estudiar, decorar una torta (?), ir a la uni, no tener laboratorio, ir dos segundos al depto de mi tío, pasar por lo de ultra, llevarle yerba (?), buscar a mi mamá, volver a casa, almorzar, ir a lo de lu, que nos pase a a buscar lu, ir a la escuela de danzas, ver el espectáculo de rocío, ¡disfrutarlo!, buscar a ultra, ir a lo de mi tío, tomar mate [y regalarle una torta feliz :)], colgar y hablar, tomarme un colec, esperar media hora, y ahí sí; conocer a María Laura.
La primera impresión fue buena. Mi primera sensación, de nervios. Apenas me salió mi nombre, en un principio. Pero de verdad supo cómo distenderme, entre chistes y acotaciones graciosas, me fui sintiendo mejor. Aunque inevitable que me sienta en un cuestionario. Tal vez, ese fue mi primer conflicto para con la terapia. En sí, no soy mucho de hablar fluídamente de mi, y no me gusta responder preguntas, pero frente algo tenía que ceder; es la idea. Así que, de forma sincera, y algo concisa, respondiendo cosas de mí. Digamos, que en esta primera vez, mayormente sobre mi hermana. Nada lo suficientemente definido, como para establecer conclusiones.









